martes, 24 de abril de 2018

Los métodos de la infancia

3) Sábado 21: “Métodos para puentes entre las cosas y el lenguaje”

Lectura de Francis Ponge , Joseph Cornell y María Negroni

“Casi se podría decir que el agua está loca, por esa histérica necesidad de no obedecer más que a su peso, que la posee como idea fija.
Es verdad que todas las cosas del mundo conocen esa necesidad, que siempre y en todas partes, debe satisfacerse. Este armario, por ejemplo, se muestra muy testarudo en su deseo de adherirse al suelo, y si algún día llega a encontrase en equilibrio inestable preferiría deshacerse antes que 
Oponérselo. Pero, en fin hasta cierto punto juega con el peso, lo desafía: no se está desfondando en todas partes; la cornisa, las molduras no se prestan a ello. Hay en el armario una resitencia de su personalidad y su forma.”  
Francis Ponge

Estampilla con pirámide
El niño solitario debe jugar sin hacer ruido porque sus padres
duermen la siesta. Se arrodilla en el piso entre las camas empujando
una caja de fósforos e imagina que él va sentado adentro. Hace calor.
Al destaparse, dormida, su madre ha dejado los senos al aire,
como si fuera la Esfinge. El auto, pues eso es lo que es, se mueve muy despacio porque las ruedas se entierran en la arena.
Adelante nada,salvo viento, cielo, y más arena.
-“Shhh” -dice el padre severamente al viento del desierto-.
Charles Simic “Totetismo” sobre Joseph Cornell

Biografía
Me llamo Emily. Nací en Nueva Inglaterra, un 10 de diciembre muy blanco y altivo, y otra vez blanco. Mi padre leía la Biblia con ojos de Pentateuco, afirmando que ese libro, que es el Libro de los Libros, contiene cuanto existe de inhallable en lo real. Tuve que buscar cómo engendrarme de algún modo, recurrir al silencio que es nido muy vacío, muy en paz. Así inventé los bosques, el desquiciado mundo, la antigüedad del agua. Esa fue mi forma de partir. Aún no he regresado.
María Negroni. Archivo Dickinson

Actividad: Descripción narrativa de la joya. Incorporando cuestiones interesantes de los ejercicios anteriores. Crear una pequeña instalación o maqueta, una joya lúdica para un pequeño niño, para alguien de niño, para ustedes mismos en la infancia
Libros: Métodos. La práctica de la literatura. El vaso de agua y otros poemas. Adriana Hidalgo Editora. Buenos Aires. 2000
Totemismo y otros poemas. Charles Simic. Alción Editora. Córdoba.Archivo Dickinson. María Negroni. Editorial la Bestia Equilatera. 2017





lunes, 16 de abril de 2018

El Aleph de Jorge Luis Borges


2) Sábado 14: “Todo lo que contiene un objeto”.
Cuento El Aleph de Jorge Luis Borges
“Mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres”
El todo que encierra un nombre y cada perspectiva, cada mirada es una mirada sobre el todo. La idea que un objeto puede encerrar la totalidad del mundo.
Actividad: Dibujar y escribir (palabras sueltas o azarosas) ese universo autobiografía que reconocen en su joya en su recuerdo y en ese objeto particular. Trabajar con la máquina de fotografía retratando todos los ángulos del objeto, cada parte y con esas imágenes construir un Aleph, un objeto indefinido que contenga otros objetos. La idea, en este encuentro, es trabajar con el volumen y poder generar una pieza bordada con volumen.
Libro: El Aleph. Jorge Luis Borges. Editorial Emecé. Buenos Aires. 1990


El Aleph
(Fragmento)
Jorge Luis Borges


En la parte inferior del escalón, hacía la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria, luego comprendí  que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi la muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Fray Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta caballera, el altivo cuerpo, vi un cáncer en el pecho, vi un círculo de tierra seca de una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemon Holland, vi  a un tiempo cada letra de cada página (de chico, yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa de Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplican sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa de Mar Caspio en el alba, vi la delicada osatura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz  había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo el engranaje  del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.









Los Libros y el Bordado



Nana de Tela - La vida tejida de Louise Bourgeois
escrito por Amy Novensky / ilustrado por Isabelle Arsenault
Editorial Impedimenta







No des Puntada sin Hilo
de Maureen Chadwick y Manuel Peña Muñoz
Editorial Manauta






Traveseando
Ricardo Zelarayan poemas
Guilermina Baiguera bordados
editorial Planta






martes, 10 de abril de 2018

Tarde en el nido del orfebre


Las Joyas de Guy de Maupassant

Abril:

1) Sábado 7 de abril: “Formula poética para el desentrañamiento”
Cuento “Las Joyas” de Guy de Maupassant
Las joyas y la autobiografía comparten la necesidad de un tipo de verdad realista o que se corresponda con la realidad, implicando una relación con el mundo en términos de verdad o falsedad: el diamante falso, el relato falso, la joya verdadera o la identidad verdadera. La ficción aporta un sentido de aquello que llamamos falso, sin embargo, en toda ficción el hilo conductor es una lógica similar a la del relato verdadero. Aprendemos que no hay un solo modo de reconocer lo verdadero y un solo modo de construir un relato sobre nosotros mismos. En la ficción se ordena la potencia de lo creativo. Las joyas desde el cuerpo del objeto, la autobiografía desde el entramado de las palabras. Ambas se contienen y dialogan.
Actividad: La joya en el centro del relato. El reflejo, lo que en ella aparece del derecho y el revés.
Ver el dorso lo que esta del otro lado y no se corresponde con lo que vemos, lo que sugiere, lo que el objeto no me dice directamente.
Dibujar e imaginar ese reverso del objeto/joya. Ir y venir entre las imágenes y las palabras, entre lo verdadero y lo falso. A partir de ese dibujo imaginar un relato, donde la joya es la protagonista, un relato autobiográfico. Con ese relato inventaremos un contexto para cada joya. En esta primer clase bocetaremos y bordaremos nuestra primera joya.
Libro: Las Joyas. Guy de Maupassant. Biblioteca de Sol. España. 1992
Las Joyas
(fragmento)
Guy de Maupassant

Ahora bien, esta afición al teatro engendró pronto en ella la necesidad de adornarse. Sus vestidos seguían siendo muy sencillos, es cierto, siempre de buen gusto, aunque modestos; y su dulce gracia, su irresistible gracia, humilde y sonriente parecía adquirir un nuevo sabor con la sencillez de sus trajes, pero adquirió la costumbre de colgar de sus orejas dos gruesas piedras del Rin que simulaban diamantes, y llevaba collares de perlas falsas, pulseras de similor, peinetas adornadas con abalorios variados imitando piedras finas.
Su marido, a quien chocaba un poco ese gusto por la quincalla, repetía a menudo: “Querida mía, cuando uno no tiene medios para comprar alhajas de verdad, no debe engalanarse más que con la belleza y la gracia, que son las joyas más raras”. Pero ella sonreía dulcemente y repetía: “¿Qué quieres? Me gusta, es mi vicio. Sé perfectamente que tienes razón, pero no me acostumbro. ¡Habría dorado tener joyas!
Y hacía rodar entre sus dedos los collares de perlas, resplandecer las facetas de los cristales tallados, repitiendo: “Mira que bien hechos están. Se diría que son de veras.”
El sonreía declarando: “Tienes gusto de gitana.”
A veces, por la noche, cuando se quedaban solos al amor de la lumbre, ella traía a la mesa donde tomaban el té la caja de tafilete donde encerraba la “pacotilla”, según la expresión del señor Lantin; se ponía a examinar sus alhajas de imitación con una atentación apasionada, como si saborease un disfrute secreto y hondo; y se  empeñaba en pasar un collar por el cuello de su marido para reírse a continuación con toda su alma, exclamando: “¡Qué gracioso estás! Después se arrojaba en sus brazos y le besaba locamente.

[…]

Buscó un buen rato en el montón de quincalla que ella había dejado, pues hasta los últimos días de su vida había seguido comprándola obstinadamente, trayendo casi cada noche un nuevo objeto, y se decidió por el gran collar que ella parecía preferir, y que podría valer, pensaba, seis u ocho francos, porque verdaderamente era de un trabajo muy cuidadosos para ser falso.
Se lo metió en el bolsillo y marchó hacia al ministerio por los bulevares, buscando una joyería que le inspirase confianza.
Por fin vio una y entró, un poco avergonzado de exhibir así su miseria y de tratar de vender una cosa de tan escaso valor.
“Caballero – le dijo al joyero-, quisiera saber en cuánto valora usted esta pieza.”
El hombre recibió el objeto, lo examinó, le dio vueltas, lo sopesó, cogió una lupa, llamó a u dependiente, le hizo en voz baja unas observaciones, volvió a depositar el collar sobre el mostrador y lo miró de lejos para juzgar el mejor efecto.
El Señor Lantin, molesto por tantas ceremonias, abría ya la boca para declarar: “¡Oh! Sé muy bien que no tiene el menor valor”, cuando el joyero dijo: “Caballero, vale de doce a quince mil francos; pero sólo podría compararlo si usted me a conocer su procedencia.”
El viudo abrió unos ojos enormes y se quedó boquiabierto, sin entender. Por fin balbució: “¿Dice usted…? ¿Está seguro?” El otro se engañó en lo tocante a su asombro, y, con tono seco: “Puede usted mirar si en otra parte le dan más. Para mí esto vale, como mucho, quince mil. Vuelva usted a verme si no encuentra quien le dé más.”
El Señor Lantin, completamente atontado, recogió su collar y se marchó, obedeciendo a una confusa necesidad de encontrarse solo y reflexionar.
Pero en cuanto estuvo en la calle le invadió la necesidad de reír, y pensó: “¡Qué imbécil! ¡Oh qué imbécil! ¡Si le hubiera cogido la palabra! ¡Ahí tienes un joyero que no sabe distinguir lo verdadero de lo falso!”





Segunda edición: El nido del orfebre

Taller de joyas y autobiografía
"El nido del orfebre"
Dictado por Mariana Robles
Edición 2018
Caelum - Espacio para la joyería contemporánea


Joyas y autobiografía
o el nido del orfebre
Taller teórico- práctico


Una mirada desde una alcantarilla
Puede ser una visión del mundo
Alejandra Pizarnik

Propuesta del taller:

Mi propuesta para el taller “Joyas y autobiografía” es generar un espacio poético de reflexión y creación en torno a joyas familiares pero también al ornamento en general, como pieza antropológica y material simbólico, capaz de exceder nuestra propia individualidad. Es decir, el ornamento como vestigio cultural que contiene diversos cúmulos de sentidos y a partir del cual nuestra historia personal se abre hacía otros lugares, otras fronteras.  
Concretamente, me interesa abordar el proceso de creación como un camino para construir historias, poesías, dibujos, instalaciones, fotografías que den cuenta de un laberinto simbólico de objetos familiares. Incorporar a la construcción de la joyería un mapa de materiales heterogéneos que aporten a la reflexión de esa materialidad. Para el recorrido e investigación propuesta son fundamentales las lecturas de textos de diferentes fuentes, desde la poesía a la antropología, desde la filosofía al arte. A través de los textos vinculamos ideas culturales o universales a nuestra experiencia individual; cada texto o fragmento enciende una luz, un mundo para descubrir e investigar.     
Me interesa recalar, situarme como lugar de exploración, en la ausencia. El vacío y el recuerdo de lo ausente como espacio generador, en esa dimensión de lo que ya no existe permitimos a una joya florecer.
Finalmente, en el abordaje de nuestra investigación teórica y práctica podremos reconstruir la geografía objetual de la biografía, los nudos de cada historia, los nexos con el presente, los sueños y sus apariciones, los fantasmas y el deseo. La armoniosa línea del dibujo, la lenta aparición del hilo sobre la tela harán surgir una cosa nueva, una creación, en el lugar de nuestro vacío, en la dimensión infinita de nuestra memoria.  



¿Cómo es nuestra joya?

Nuestra joya,  que recordamos, encontramos o poseemos, representa el mundo de los objetos, los laberintos de la materia por donde nos perdemos para encontrar una narración, una historia, un hilo rojo y punzante, al corazón del centro, del monstruo y el evento. Esa joya puede ser cualquier objeto que se instalé en la abertura y el abismo, en la memoria y la ausencia. Una joya es una heurística, un plan de búsqueda, un mapa, una inmensa geografía. Esa joya objetual puede ser una pieza íntegra, con todas sus partes, sin demasiados cambios aparentes a lo largo de su existencia o puede ser un fragmento, una parte de una joya que perdió, por el momento, su valor de uso o esplendor. Sin embargo, nos daremos cuenta a lo largo del taller que nuestras creencias sobre lo completo e incompleto pueden ser modificadas y aunque algunos mostraron una joya reluciente y plena, también ella estaba incompleta. En el taller descubrimos capas, auras, formas, texturas, límites, olores que muestran a los ojos una nueva joya, que pulen con la fuerza de lo imaginario un mundo hasta ahora invisible. Recién después del proceso de investigación y creación la verdadera joya aparece, aparece escapándose, como se escapan todas algunas cosas necesarias.   

La técnica:
La técnica se me ocurre llamarla “pulido onírico y lúdico” una especie de juego entre dibujos, recuerdos, fotografías, bordados que entreteje y otorga brillo, una pequeña epifanía en el mundo de los objetos. Aunque, como acabo de decir, la técnica es un tejido, una mezcla con orígenes diversos, la idea es dar un orden, catalogar, producir un sentido con ese material. La técnica principal, nuestro referente, será el bordado. A través, del bordado reconstruiremos nuestra joya, la desglosaremos como una lluvia de papelitos de colores, la saborearemos como un durazno fresco. Cada encuentro será un micro-mundo; con sus textos, dibujos y trabajos, pero finalmente todo ese proceso se ligara en la reconstrucción del objeto bordado.   
El bordado y cada una de las técnicas utilizadas, inclusive la lectura e textos estará contextualizada en nuestro objetivo. Se recomienda el uso de bitácora para desarrollar ideas, pensamientos y grafías.



Materiales:
En primer lugar la joya u objeto a partir del cual se desarrollara el trabajo. Luego bitácora y lápiz. Una máquina de fotos, papeles transparentes, telas, hilos, agujas, tijera y bastidor de bordado. A lo largo del taller se irán incorporando otros materiales, de lo cuales informare sobre la marcha.  

Cronograma 2018

Etapa 1: 8 encuentros















Tardes en el taller de joyas y autobiografía

Edición 2017















Primera edición

Joyas y autobiografía
dictado por Mariana Robles
Edición 2017
Caelum - espacio para la joyería contemporánea dirigido por Cecilia Richard



Un taller para restaurar la memoria desde el ornamento y el relato.

Restauración de joyas familiares a través de bordados y técnicas textiles

Hace unos días leyendo a un escritor de Paraguay, me acordé de una anécdota familiar, de un viaje que de joven mi papá realizó a aquel país. Antes de que yo naciera, cuando aún eran novios mis padres, él le obsequió a ella un collar de papel. Mi madre siempre cuenta esa historia de que él trajo a mi abuela paterna una vasija de arcilla y a ella un collar de papel. A ella no le gustó el collar, no estaba contenta con la fragilidad de ese objeto, con la calidad efímera de sus materiales. Mi madre hubiese preferido algo más contundente y persistente, un objeto compacto y duradero como aquella vasija color de tierra. 
Cuando pienso en los ornamentos no puedo dejar de asociar estos objetos con los pueblos nómades. Ellos llevaban collares, anillos, pulseras como otras comunidades hemos construido iglesias, museos, edificios y casas. El ornamento es un decorado, sobre todo un decorado, pero en el sentido más vital del adorno, como escritura. Esos materiales trabajados, esa materia procesada por la alquimia de la naturaleza expresan no sólo afinidades sociales sino, especialmente, autobiográficas. Algunas personas transitamos la ciudad y nuestras joyas de plástico o metal, de vidrio o cerámica absorben la efervescencia de nuestro cuerpo, registran nuestro andar por el mundo. Esos elementos, inspirados dioramas de nuestros caprichos, abren reductos íntimos, proyecciones, juegos entre nuestra naturaleza y lo que queremos inventarnos. Pensaba en mi madre y en su deseo arraigado de tener una casita de cuento, con cortinas, con un jardín y que esa casa dibujara en la tierra una familia. Pensaba en ese collar y en su sentido ancestral, nómade, confrontando con la fantasía estereotipada de un hogar. Como si los objetos fueran capaces de distorsionar la linealidad temporal y espacial encontrando nuevos reductos para el deseo. 
Ahora, que pasó bastante tiempo, creo que entiendo a mi mamá, comprendo la dimensión simbólica que ella percibía y la enojaba; él no obsequió dos collares de papel, sólo a ella mientras a que a su madre le regaló una sólida vasija de barro, un macizo recipiente para prolongar su Edipo. Pero cuando mi abuela murió mi madre heredó la jarra que ahora tengo yo en mi casa, definitivamente, en el hueco de ese objeto se perpetúa un útero, un espacio matriarcal que repite y se emancipa. Me gusta bastante tener esa vasija aunque supongo que es así porque sé que también existió un collar de papel, ese liviano ornamento para contrarrestar las arraigadas formas de la arquitectura.




Poemas para un final que anuncia su retorno

El collar de arena Beatriz Vallejos También la sombra es frágil  si el agua está cerca. Entonces adviene a disuadir lo absoluto...