martes, 10 de abril de 2018

Primera edición

Joyas y autobiografía
dictado por Mariana Robles
Edición 2017
Caelum - espacio para la joyería contemporánea dirigido por Cecilia Richard



Un taller para restaurar la memoria desde el ornamento y el relato.

Restauración de joyas familiares a través de bordados y técnicas textiles

Hace unos días leyendo a un escritor de Paraguay, me acordé de una anécdota familiar, de un viaje que de joven mi papá realizó a aquel país. Antes de que yo naciera, cuando aún eran novios mis padres, él le obsequió a ella un collar de papel. Mi madre siempre cuenta esa historia de que él trajo a mi abuela paterna una vasija de arcilla y a ella un collar de papel. A ella no le gustó el collar, no estaba contenta con la fragilidad de ese objeto, con la calidad efímera de sus materiales. Mi madre hubiese preferido algo más contundente y persistente, un objeto compacto y duradero como aquella vasija color de tierra. 
Cuando pienso en los ornamentos no puedo dejar de asociar estos objetos con los pueblos nómades. Ellos llevaban collares, anillos, pulseras como otras comunidades hemos construido iglesias, museos, edificios y casas. El ornamento es un decorado, sobre todo un decorado, pero en el sentido más vital del adorno, como escritura. Esos materiales trabajados, esa materia procesada por la alquimia de la naturaleza expresan no sólo afinidades sociales sino, especialmente, autobiográficas. Algunas personas transitamos la ciudad y nuestras joyas de plástico o metal, de vidrio o cerámica absorben la efervescencia de nuestro cuerpo, registran nuestro andar por el mundo. Esos elementos, inspirados dioramas de nuestros caprichos, abren reductos íntimos, proyecciones, juegos entre nuestra naturaleza y lo que queremos inventarnos. Pensaba en mi madre y en su deseo arraigado de tener una casita de cuento, con cortinas, con un jardín y que esa casa dibujara en la tierra una familia. Pensaba en ese collar y en su sentido ancestral, nómade, confrontando con la fantasía estereotipada de un hogar. Como si los objetos fueran capaces de distorsionar la linealidad temporal y espacial encontrando nuevos reductos para el deseo. 
Ahora, que pasó bastante tiempo, creo que entiendo a mi mamá, comprendo la dimensión simbólica que ella percibía y la enojaba; él no obsequió dos collares de papel, sólo a ella mientras a que a su madre le regaló una sólida vasija de barro, un macizo recipiente para prolongar su Edipo. Pero cuando mi abuela murió mi madre heredó la jarra que ahora tengo yo en mi casa, definitivamente, en el hueco de ese objeto se perpetúa un útero, un espacio matriarcal que repite y se emancipa. Me gusta bastante tener esa vasija aunque supongo que es así porque sé que también existió un collar de papel, ese liviano ornamento para contrarrestar las arraigadas formas de la arquitectura.




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